TRIARIVS LEMC nace en Barcelona (España), una de las ciudades más importantes de Europa y puerta de entrada a la Península de diversas civilizaciones que, a lo largo de la historia, se asentaron en este territorio. El litoral catalán, durante siglos, fue una zona estratégica militar, así como referente cultural, social y económico.
Una de las civilizaciones más influyentes fue el Imperio Romano, que entraron en Hispania (España) en el transcurso de la Segunda Guerra Púnica (218 AC) por Emporiae (Empúries), al norte de Catalunya.
Posteriormente, en toda la Península se establecieron otros asentamientos que dan nombre a actuales ciudades, como Tarraco (Tarragona), Emérita Augusta (Mérida), Caesaraugusta (Zaragoza), Híspalis (Sevilla), Toletum (Toledo), Carthago Nova (Cartagena) y Barcino (Barcelona), entre otras muchas de igual importancia.
Nuestro LEMC, desde el momento en que se empieza a gestar, busca una simbología e ideario que hermane a sus miembros, sean de donde sean, a la par que se quiere plasmar y dar peso a la esencia mediterránea que nos caracteriza. Además, como grupo, se quiere reflejar un icono que englobe los sentimientos de Hermandad, Sacrificio, Respeto y Honor.
Con estos preceptos, se otorga a la lengua latina, el Imperio Romano y la figura del Triarius las bases para una simbología que represente nuestro LEMC.
La lengua latina, idioma oficial del Imperio Romano, unificó gran parte de Europa, África septentrional y Oriente Próximo. De la raíz del latín derivarían otras lenguas (lenguas romances) que dieron paso a idiomas actuales como el español, francés, italiano, portugués, rumano y catalán, entre otros.
El Imperio Romano se caracterizó, entre muchas cosas, por la disciplina en el combate. Y, entre los diferentes tipos de unidades existentes, se encontraban los Triarii, que se consideraron una parte imprescindible dentro del ejército, no solo durante tiempos de guerra sino en los momentos de paz.
Los Triarii eran soldados veteranos de contiendas anteriores que, al inicio de la batalla, permanecían en la retaguardia de las formaciones. Su número era inferior a otras cohortes, pero su fuerza residía en la unión, experiencia y motivación de los hombres, lo que los hacía un enemigo difícil de batir. Durante el curso de la batalla, cuando las tropas de vanguardia eran superadas o dispersadas, los Triarii avanzaban a primera fila, dando seguridad a las demás unidades para que se reagruparan y reorganizaran para volver a la contienda. Esta forma de contener al enemigo, aun siendo un número menor que otras unidades, junto a la experiencia y unidad de los guerreros que formaban los Triarii, motivaban al resto de unidades a seguir luchando.
Los Triarii utilizaban como armas una larga lanza, dardos emplomados y el gladius. Su protección era un escudo, una cota de malla, una rodillera para mantener la postura defensiva en el momento de recibir la carga enemiga y un casco donde lucían dos plumas, posiblemente de faisán, que les diferenciaba del resto de secciones.
En la antigua Roma fue muy popular la expresión Ad Triariis redisse (A los Triarios hemos llegado), dando a entender que, si estos entraban en combate, era para imponer el orden y dar seguridad a los suyos.